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Interés general

Humedales: qué son y por qué hay que protegerlos para evitar catástrofes

Bosques de sauces y alisos. Hileras de ceibos –sus flores rojas brillantes– sobre las costas, donde nadan mojarras y dorados, entre otras 20 especies de peces. Cortaderas y más cortaderas, plumerillos en alto. Aves, de tantos colores, especies y tamaños, musicalizando los senderos y acompañando a quien camina. Tortugas –de laguna, de cuello largo, pintadas– desplazándose lento, muy lento, por los juncos, entre víboras, lagartos y ranas. Cuises y comadrejas y hasta lobos marinos, escondidos en la espesura.

Parece una publicidad de viaje. Es la Reserva Ecológica Costanera Sur, a distancia caminable del centro de la Ciudad de Buenos Aires. Un gran humedal de invaluable biodiversidad que sostiene la vida de la capital. Una postal de otra época, en la que estos riñones verdes no eran la excepción, sino la norma, y las moles de ladrillo y cemento no los enjaulaban.

El tiempo, la urbanización, las edificaciones y el entubamiento de arroyos (así como la alteración de sus desembocaduras), entre otros factores, convirtieron a Buenos Aires en la ciudad de la furia. Pero, antes, otra era su fisonomía. Hasta 1830, de hecho, su paisaje natural eran los humedales. Hoy, sobreviven parches, pero su futuro tampoco está resguardado.

Esto, a pesar de todo lo que nos dan. Porque, en la Costanera Sur, hay mucho más que un espacio para pasear, ejercitarse, hacer avistaje de aves o simplemente tomar unos mates frente al río. Con sus 350 hectáreas y más de 2.000 especies animales y vegetales, este humedal no sólo es una de las reservas urbanas más grandes de América latina, sino también un sostén ecosistémico que provee a la Ciudad de servicios que son imprescindibles para la vida de sus habitantes.

Con sus 350 hectáreas y más de 2.000 especies animales y vegetales, la Reserva de Costanera Sur es una de las reservas urbanas más grandes de América latina.

Riñones verdes
Los humedales son esponjas gigantes que absorben agua. Cuando hay eventos meteorológicos extremos, como tormentas fuertes, son ellos los que están trabajando para defendernos de las consecuencias. Chupan el agua que sobra de otros lugares, evitando anegamientos e inundaciones, por ejemplo, así como la degradación de las costas y los suelos.

“Los humedales que funcionan adecuadamente pueden reducir el riesgo de desastres”, se lee en la Edición Especial de 2021 del Panorama Mundial de los Humedales, publicado por la Convención Ramsar, un tratado internacional al que adhieren 171 Estados, cuya misión es la conservación y el uso racional de estos ecosistemas.

“Por el contrario –agrega–, la pérdida de humedales puede aumentar los daños causados por las inundaciones y las tormentas, y cada vez más se reconoce que mantener los servicios de los humedales es generalmente más económico que convertirlos para otros usos.” Esto último, en parte, es lo que pasó en La Plata, en 2013, cuando precipitaciones extraordinarias (más de 400 mm acumulados en cuatro horas) dejaron un saldo de por lo menos 89 muertos y destrozos millonarios.

“Luego de los trágicos eventos de abril de 2013 en nuestra ciudad, los mapas de inundación realizados por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) muestran una coincidencia irrefutable entre las áreas afectadas por la crecida con aquellas donde naturalmente se encontraban las zonas de desborde fluvial de los arroyos Gato, Pérez, Regimiento y Maldonado”, explica Joaquín Cochero, investigador del Instituto de Limnología Dr. Raúl A. Ringuelet (ILPLA), UNLP-CONICET, en un trabajo de la UNLP. “El crecimiento urbano sobre estos ecosistemas contempla un riesgo hídrico”, concluye.

Pero no solo de absorber y almacenar agua viven los humedales, sino de purificarla, liberarla e intercambiarla. Y eso también es indispensable para quienes viven en torno a ellos: se trata, ni más ni menos, que del agua dulce que consumimos en nuestras casas, así como de la que se usa en el riego para la agricultura y en la industria. Todo lo que hacemos depende de este recurso, de este servicio que nos brindan los humedales.

Pero no solo de absorber y almacenar agua viven los humedales, sino de purificarla, liberarla e intercambiarla. Y eso también es indispensable para quienes viven en torno a ellos.

Paleta de paisajes
Una dificultad que surge al hablar de estos ecosistemas, y más aún en lo que se refiere a protegerlos, es que no pueden encasillarse en un paisaje único. Puede que nos cueste pensar que la Costanera Sur tiene un parentesco cercano con los Esteros del Iberá (en Corrientes), las turberas de Tierra del Fuego o los salares de la Puna.

Lo mismo con las Lagunas Altoandinas y Puñeras de Catamarca, o la de los Pozuelos, cerca de La Quiaca, en Jujuy; la albúfera de Mar Chiquita o la Bahía de Samborombón, en la Provincia de Buenos Aires; el Río Pilcomayo, en Formosa; y la Península Valdés, en Chubut, entre muchos otros.

Los humedales son una paleta de paisajes que pueden ser diversos entre sí, pero tienen al menos un punto en común: se caracterizan por la presencia, ya sea temporal o permanente, de agua.

“Hablás de bosques y se sabe lo que es un bosque. Hablás de pastizales y se sabe lo que es un pastizal. Hablás sobre qué es un humedal, y es un gran abanico de cosas”, puntualiza Patricia Kandus, doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y profesora Asociada del Instituto de Investigaciones e Ingeniería Ambiental (3iA) de la Universidad de San Martín.

El abanico es tan extenso que, en la Argentina, ocupa el 21,5% del territorio (más de 600.000 kilómetros cuadrados). Si bien menos del 10% de esta área (unos 56.876 kilómetros cuadrados, 23 humedales en específico) es “Sitio Ramsar”, designación que da la Convención Ramsar a los humedales que son considerados de importancia internacional, todos tienen un rol fundamental en el equilibrio ecosistémico y las poblaciones que viven cerca (y no tan cerca) de ellos.

En la Argentina, el abanico de los humedales ocupa el 21,5% del territorio (más de 600.000 kilómetros cuadrados).

Y no sólo por el agua, y, claro, el oxígeno que nos dan. Además, porque regulan el clima: en las ciudades, incluso regulan el microclima, rompiendo con las “islas de calor”. Lo hacen a partir del almacenamiento y captura de carbono: las turberas y los humedales costeros con vegetación, por ejemplo, secuestran aproximadamente tanto carbono como los bosques del mundo.

Sí, los humedales no sólo chupan parte del agua que sobra en otras partes, sino también parte de las emisiones del principal de los gases de efecto invernadero que generan el calentamiento global. Es decir, nos protegen tanto de los desastres como del cambio climático (que, en muchas ocasiones, alimenta dichos desastres).

A eso se suman otros beneficios: retienen y exportan sedimentos y nutrientes; son hábitat de una impactante biodiversidad, que incluye especies endémicas a esos espacios; son fuente de alimentos, valores culturales e identidad; y aportan a la recreación y el turismo; entre otros.

Ahora bien, todo depende de su estado de salud. Así lo explica el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Argentina, en un informe de diciembre 2020: “La provisión de estos bienes y servicios ecosistémicos a la sociedad depende del mantenimiento y la funcionalidad integral de los humedales. En caso de alterarse la funcionalidad ecológica, se altera en consecuencia la posibilidad de brindar bienes y servicios de calidad”. Y he aquí el problema al que nos enfrentamos.

Peor que los bosques
Hoy, sólo queda una fracción de los humedales naturales –tanto marinos/costeros como continentales– que había en el planeta. Los números asustan: del año 1700 para acá, desapareció el 87%, con tasas que aumentan a finales del siglo pasado. Entre 1970 y 2015, el declive global fue del 35%, un ratio tres veces más alto que el de pérdida de bosques. En América latina y el Caribe, el daño es todavía peor: 59%.

Del año 1700 para acá, desapareció el 87% de los humedales, con tasas que aumentan a finales del siglo pasado.

Esto tiene su correlato en la biodiversidad, con disminuciones del 81% en las poblaciones de especies de humedales continentales, y del 36% en las de especies costeras y marinas. Y en la calidad del agua, con tendencias en su mayoría negativas.

“Desde la década de 1990, la contaminación del agua ha empeorado en casi todos los ríos de América latina, África y Asia. Se prevé que el deterioro se intensifique a medida que el cambio climático, el desarrollo económico y la expansión e intensificación de la agricultura continúen, generando así crecientes amenazas para la salud humana, los humedales y el desarrollo sostenible”, advierte el Panorama Mundial de los Humedales 2021.

Pero, el riesgo no sólo reside en los humedales que ya no son, sino –como se dijo antes– en aquellos que quedan en pie: estos también están siendo afectados, y de forma creciente, por la contaminación, el drenaje, las especies invasoras, el uso no sostenible, los asentamientos y el cambio climático, entre otros.

Argentina no escapa a esta situación: sólo en 2020, cerca de 350.000 hectáreas de humedales fueron arrasadas, como consecuencia de los incendios que afectaron a más de 1 millón de hectáreas en todo el país –un récord nunca visto desde que se comenzó a compilar la información, en 1999– y fueron especialmente crudos en el Delta del Paraná.

Sólo en 2020, cerca de 350.000 hectáreas de humedales fueron arrasadas, como consecuencia de los incendios que afectaron a más de 1 millón de hectáreas en todo el país.

Nuestros humedales también son amenazados por la megaminería de litio en las salinas del Norte, las construcciones ilegales en las turberas de la Patagonia, los endicamientos y canalizaciones en el Litoral y la región Centro, el avance de la agricultura y ganadería a gran escala y el excesivo uso de agroquímicos en diversas partes del territorio nacional.

Pero son clave la especulación inmobiliaria en la Ciudad de Buenos Aires (donde en 2020 la Legislatura aprobó la creación de un barrio de 71 hectáreas con torres de lujo de hasta 145 metros en la zona de los humedales de la Costanera Sur) y los megabarrios cerrados en la Provincia de Buenos Aires. Factores que afectan tanto el equilibrio dinámico de los humedales, como los bienes y servicios ecosistémicos con los que nos benefician.

Fuente: Pilar Assefh - Clarin.com

Insólito: le pone gafas de realidad virtual a las vacas para aumentar la producción de leche

En Turquía, un granjero inquieto ideó una manera original de aumentar la producción de leche de sus vacas; y dice que le funciona. La inédita técnica del productor es colocarle anteojos de realidad virtual a las vacas.

De esa manera, las vacas piensen que están en medio de un prado verde en verano, que es lo que les muestra las gafas en tres dimensiones. El hombre dice que creció casi un % 25 por la cantidad de leche que dan.

İzzet Koçak, de él hablamos, no es un improvisado, su familia ha estado criando ganado en una granja en Aksaray durante tres generaciones, y el negocio "ha perdurado durante tanto tiempo porque siempre hemos tratado de mantenernos al día".

Koçak está ahora al frente de la empresa familiar y cuenta que quiere asegurarse de que funcione lo suficientemente bien como para pasarla a la siguiente generación.

Su apuesta, entonces, es hacia soluciones no convencionales. Lo de las gafas no fue su primera propuesta en post de aumentar la producción de leche.

En un principio, Koçak experimentó poniendole música relajante a las vacas pero la idea no funcionó como esperaba, aunque reconoció que sí notaba a los bovinos más relajados.

Ahora, el granjero turco apuesta a las gafas de realidad virtual especiales que supuestamente hacen que los animales crean que están pastando en un prado soleado, en lugar de en una lúgubre granja interior en pleno invierno.

"Obtenemos una media de 22 litros de leche al día de nuestras vacas”, dijo Koçak a la Agencia de Noticias Anadolu . “Hicimos que 2 de nuestras vacas usaran lentes de realidad virtual y observaran un extenso pasto verde todo el día, y la producción diaria de leche aumentó hasta 27 litros".

"Estas gafas son emocionalmente buenas para los animales, notamos que los animales están menos estresados. Esto se reflejó tanto en la producción de leche como en la calidad de la leche”, agregó.

Koçak contó que se inspiró en un artículo de noticias sobre vacas que usaban gafas de realidad virtual en una granja en Rusia. Le intrigaba la idea, así que se puso en contacto con la empresa que fabricaba las gafas especiales para bovinos y pidió un par de pares.

Ahora que comprobó el efecto de la tecnología VR, planea pedir otras 10, y si la tasa de producción de leche aumenta de la misma manera, quiere obtener auriculares para todas sus 180 vacas.

“La realidad virtual fue probada por primera vez por una empresa en Rusia, lo vimos por casualidad en las redes sociales”, sostuvo İzzet Koçak. “Decidimos probarlo también. Por ahora, lo pusimos en 2 de nuestras vacas y observamos el aumento en la producción de leche".

"Actualmente estamos en la primera fase de prueba, para la segunda etapa de prueba hemos pedido 10 gafas de realidad virtual más. Si tenemos éxito con ellos, pediremos gafas protectoras para todo nuestro rebaño”.

Koçak dijo que continúa pasándole música a las vacas para que estén más relajadas. Supervisa su estado de ánimo y comportamiento con la ayuda de un sistema de seguimiento que recibe datos de un chip conectado a los tobillos de las vacas y afirma que la música también marca una gran diferencia.

Fuente: Clarin.com

Dos chimpancés nacidos en el ex zoológico porteño serán derivados a un santuario en el Reino Unido

Dos chimpancés nacidos en el ex zoológico de la Ciudad finalmente podrán tener una vida muy lejos de su recinto de Palermo: en el último trimestre de este año serán trasladados a un santuario en el Reino Unido. Se trata de Sasha, una hembra de 24 años, y su hijo Kangoo, de 14. La derivación ya fue aprobada, según informaron desde el Ecoparque porteño.

El plan de traslado de estos animales se activó después de una desgraciada pérdida: hace un año falleció Martín, pareja de Sasha y papá de Kangoo. Tenía 51 años y apareció muerto en su recinto.

Durante años, la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA) había litigado sin éxito para que la Justicia concediera una acción de hábeas corpus en favor de los tres chimpancés. Buscaban que los llevaran a un santuario en Sorocaba, Brasil. El caso llegó al Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad, que hace dos años reconoció que los animales son "personas no humanas" y tienen derechos, pero no los mismos derechos que los seres humanos.

Martín había sido rescatado del zoológico de Cutini y era el macho alfa. Las autoridades del Ecoparque argumentaban que, como era un ejemplar geronte, no podían derivarlo a un santuario porque el viaje iba a poner en peligro su vida. Al mismo tiempo, la decisión fue no separar a la familia. Pareja e hijo se quedarían con él mientras viviera.

El triste final de Martín abrió la posibilidad de que Sasha y Kangoo dejen atrás el zoológico donde crecieron y cuyos muros jamás traspusieron. La hembra nació el 17 de septiembre de 1997 y su hijo el 27 de abril de 2007.

Sus cuidadores cuentan que ella es muy protectora con Kangoo y está siempre alerta. El hijo es muy activo y juega con la mamá todo el tiempo. Es sociable y muy inteligente. Y hasta tiene un pelotero para entretenerse.

El lugar elegido para derivarlos es Monkey World, un centro de rescate para primates ubicado en el condado de Dorset, Inglaterra. "Se comenzará con los trámites para el traslado de los individuos. Sasha y Kangoo pronto comenzarán con los entrenamientos para ingresar voluntariamente a sus cajas de transporte, tal cual se procedió con la orangutana Sandra en el año 2019", le informaron a Clarín desde el Ecoparque.

Hoy la vida de los chimpancés porteños transcurre en un recinto con un patio de verano y dos de invierno que están calefaccionados. En uno de esos dos, el más grande, pasan las noches. Allí tienen un tronco, sogas y mangueras para colgarse, así como cartón, paja y tela para hacerse nidos. En el ambiente de verano, además, cuentan con hamacas hechas con cubiertas, más troncos y una pileta. 

La rutina de Sasha y Kangoo incluye la búsqueda de sus alimentos, que se distribuyen en el recinto para fomentar que hagan actividad física y usen sus sentidos.

Al mediodía y a media tarde comen una dieta basada en banana, manzana, naranja, acelga, brócoli, tomate, arroz, polenta, maní, nueces, huevos, pasas de uva, yogurt y miel. Les colocan los alimentos en fardos de paja o en tubos de cartón o vasos y botellas colgados. O dentro de una suerte de termitero, de donde los chimpancés deben obtenerlo usando diferentes elementos, como palitos. De esta forma, se estimula su capacidad cognitiva para resolver problemas.

Después de merendar, Sasha y Kangoo hacen distintas actividades de enriquecimiento cognitivo. Puede ser dibujar, mirar televisión o escuchar música. Se las van cambiando, para que sus días no sean predecibles y cada vez enfrenten una situación diferente.

Los chimpancés pueden elegir si hacer la actividad no o si interactuar con sus cuidadores y veterinarios. Hay días en los que además les toca una revisión dental o el limado de uñas. También los entrenan para poder hacerles radiografías, aplicarles inyecciones o auscultarlos.

A última hora, les ponen comida dentro del ambiente interno. Se la dentro de caños doblados, para que usen ramas para sacarla.

El centro de rescate Monkey World

Fundado en 1987 en medio del bosque de Dorset, en el Reino Unido, el centro de rescate Monkey World le da refugio a más de 250 primates de más de 20 especies, incluyendo 54 chimpancés.

Estos chimpancés viven repartidos en cuatro grupos sociales diferentes, aunque no dejan que se reproduzcan. Fueron rescatados de España, Grecia, Francia, Inglaterra, Austria, Holanda, Israel, Chipre, Emiratos Árabes, México, Turquía, Tailandia, Arabia Saudita y el Líbano, donde los explotaban en laboratorios y circos o los usaban para que los turistas se tomen fotos. Algunos eran tenidos como mascotas.

Lo que todos tienen en común es que provienen del contrabando de animales. Nacidos en África, fueron separados de sus grupos familiares cuando eran bebés para venderlos ilegalmente en el exterior.

[ Leer nota completa aquí ] - Fuente: Nora Sanchez, Clarin.com

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Curiosidades

Los 10 principales avances médicos de la Edad Media

Todavía la percepción que el ciudadano medio tiene sobre la Edad Media es la de que fueron tiempos oscuros, con multitud de calamidades, poblaciones analfabetas y un retroceso sustancial en cuanto a los avances médicos que la Antigüedad había aportado. Todo ello no son más que apriorismos que colocan en un puesto de inferioridad a los tiempos medievales respecto a otros momentos de la Historia. Sin embargo, un análisis detallado nos revela que en el Medievo surgieron muchos de los logros de la Medicina que todavía hoy están vigentes. Aquí están los 10 principales avances médicos de la Edad Media.

1. Hospitales
En el siglo IV de nuestra era el concepto de hospital, es decir, un lugar donde los pacientes podrían ser tratados por los médicos con equipamiento especializado, estaba en su embrión en algunos lugares del Imperio Romano.

Más tarde, en Occidente, los monasterios fueron los centros donde surgieron los primeros hospitales para dar servicio a los viajeros, transeúntes y pobres. Mientras, en Oriente, en el mundo árabe, los hospitales surgieron en el siglo VIII.

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